Muchas veces actuamos de forma automática, como si fuéramos máquinas programadas por alguien, actuamos de una determinada manera sin saber por qué, simplemente lo hacemos así, creemos que hay que hacerlo así, quizá pensamos que siempre se ha hecho así, estas son las creencias que limitan nuestro desarrollo.

¿Por qué actuamos así?……. No tenemos ni idea. Nunca nos lo hemos preguntado.

Y así es como un día llega alguien y te pregunta por qué actúas de esta manera……. y te quedas en blanco.

Se habla mucho de las creencias, de lo que son, de cuál es su origen y de cómo pueden potenciarnos hasta el infinito o limitarnos profundamente. Sin embargo, ¿Qué creencias son las que conviene cambiar? Cada uno tiene las suyas.

Las creencias que limitan nuestro desarrollo

Algunos dejan de creer que había algo defectuoso y erróneo en sí mismo para descubrir que son personas valiosas, que tienen un montón de fortalezas y que, sobre todo, tienen la capacidad de amar y de amarse a sí mismos.

Otros dejan de creer que ser vulnerable o frágil era un defecto, y consiguen empezar a acertase  por aceptarse a sí mismos y  a presumir, también, de esa  fragilidad.

Muchos dejan de creer que necesitan la aprobación de los demás, que tienen que gustarle a todo el mundo y que los demás siempre tienen razón. Ahora procuran gustarse a sí mismos y sentirse bien con quién cada uno es. Y lo demás,  ya no depende de uno.

¿Y tú? ¿Qué necesitas dejar de creer? ¿Qué te gustaría empezar a creer? Me encantaría que reflexiones sobre ello, y sobre este cuento:

Una niña estaba ayudando a su madre con una pieza de jamón para meterlo en el horno. Observó que su madre cortaba las puntas de la misma antes de introducirlo en el horno, y le preguntó la razón de esa actuación. Su madre, sorprendida por la pregunta, le indicó que ella simplemente se limitaba a hacer lo mismo que le había visto hacer a su propia madre. Y así le invitó a que le preguntara a la abuela el motivo de esos cortes.

La niña fue hasta el cuarto donde estaba su abuela y le hizo la misma pregunta, a lo que la abuela, dejando lo que estaba haciendo, le conminó a que se lo preguntara a la bisabuela pues ella también lo hacía porque así vio siempre a su madre hacerlo.

Al llegar hasta donde estaba su bisabuela, animada por su estupenda curiosidad y ganas de cuestionarse las cosas, le hizo la misma pregunta. La bisabuela, una anciana mayor pero en perfectas facultades mentales, se rió y le dijo: “Hijita mía, la razón por la que actúan así tu madre y tu abuela no la sé, pero en mi caso la razón era bien simple: el horno era muy pequeño y para que pudiera hornear el trozo de jamón no me quedaba más remedio que cortar las puntas”.

¿Te das cuenta de cómo nuestras creencias limitan nuestro desarrollo y nuestra vida? ¿De cómo hacemos y creemos cosas sin ni siquiera saber por qué?

¿Cuántas de las cosas que haces es porque las has visto hacer así? ¿Cuántas de las cosas que crees es porque otros te han enseñado a creerlas? ¿Cuántas de las decisiones que has tomando en tu vida es porque no se te ocurrió que podía haber más opciones?

¿Cuánto de lo que crees sobre ti limita tus posibilidades de ser quien quieres ser?

Y, lo más importante, ¿qué quieres creer a partir de ahora?